Ayer estuve en Salamanca, para una reunión de amigas.
Desde que vivo en Santa Marta, la capital me parece cada vez más sombría. Y más en este tiempo nebuloso.
Sus calles estrechas, retorcidas, llenas de gente que va y viene. sus vías principales, demasiado estrechas para tráfico rodado y gente. ¡Que agobio! Volver es una liberación.
Nunca me pareció bonita Logroño, pero al lado de esta ciudad, anclada en los años 40, cualquier ciudad de España es mejor. De Salamanca lo más agradable es la periferia.
Cuando llegamos aquí, en el verano de 1975, dijo mi madre. Todo esto me recuerda a Logroño, recién terminada la guerra civil. aunque sin Santa María de la Redonda, una catedral"a la medida del hombre", acogedora y de bonita fachada barroca. Aquí ni eso.
No solo nos desagradó el aspecto urbano, también sus gentes: bajitos, feos, ignorantes hasta el extremo, tozudos. Muchos hombres nos parecían tontos, y la mayoría de las mujeres maliciosas.
En el aspecto social ha ido cambiando a mejor, aunque no mucho.
Santa Marta es otro mundo. Urbanísticamente tiene espacios amplios. Podía ser una ciudad bonita, pero la especulación de los anteriores consistorios le ha dado forma de "ciudad dormitorio". al menos tiene el espacio ribereño, que da amplitud de vistas a buena parte del pueblo.
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