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jueves, 29 de agosto de 2019

Un año con Lucy



¡Que pequeña era Lucy! Dormía en una cesta de gato pequeño.

Tenía dos meses y medio. Ya comía sola. 

Los tres gatos se acercaron, por turnos, a la "cuna" y le otorgaron sus dones: la belleza, la bondad y una bonita voz.

Los gatos fueron su referencia para tener buenas costumbres dentro de casa. Los seguía y observaba lo que estos hacían, donde comían y donde "lo otro".

Cuando Lucy obraba fuera de los areneros, los gatos miraban la guarrería y luego miraban a la pequeña a los ojos, como diciéndole: !marrana¡

No lloró por las noches ni una sola vez. Ya no se despertaba cada 3 horas, como Atila bebé, que me la dieron con solo 3 semanas. 
A Atila tenía que darle lechecita templada cada ese tiempo. Me tenía que levantar y ponerla a hacer "caca" y "pis" (igual trate a la gata Bamby, cuando la traje muy enferma) 

A los animalitos bebés o enfermos los coloco en camita junto a la mía, de forma que puedo tocarlos estando tumbada. Así se tranquilizan cuando simplemente se sienten solos. A Atila la tenia que tener un rato en brazos, hasta que eruptara y se adormeciera.
Lucy era un bebe mayor y dormía bien toda la noche. Además, a la semana, cuando tenía ganas salía a beber agua, comer y hacer necesidades en los lugares que lo gatos le habían enseñado.

En su primer curso, Lucy ha aprendido algo de urbanidad y socialización. Pero apenas obedece. 
En casa se porta bien. A veces se excita con ciertas actividades caseras. Es en la calle donde parece un torbellino. 

El próximo curso tiene un programa de obediencia en la calle y en el parque. Distinción entre perros y personas amistosos o no ¡Menuda tarea! 


Lucy cumplirá, el próximo 6 de noviembre, 17 meses. Cuando tenga tiempo cargaré una foto actual.


viernes, 16 de agosto de 2019

Un año sin Anís


Mi pequeña Anís (2012-2018)


Señorita de compañía

Un año ya sin la bella Anís, mi pequeña compañera ¡tan joven y alegre como era! Querida por todo aquel que la conocía. Aún la recuerdan por el entorno.
Lucy no termina de entrar en el papel de “señorita de compañía”. Con 14 meses sigue haciendo trastadas. Un día le quitó un calcetín a un señor y lo mojó en agua. ¡Lo que me costó recuperarlo! Anís eso solo me lo hacía a mi, no a extraños.
Muchas veces se lanza a jugar con gente desconocida que está en el agua. La mayoría la recibe bien, se divierten. Pero hay niños que de primeras les asusta. Ella trota por el agua y va nadando con esa forma peculiar que tienen los perros (andan por el agua)
Le encanta el agua. Sale, corre a mi alrededor y vuelve al agua. Los perros pequeños y los tranquilos le aburren. Como no tenga un perro juguetón cerca puede ir a cualquier parte. Le gustan los perros grandotes y alegres.
Anís era igual de sociable y alegre, a pesar de su pequeño tamaño. Corría como un conejo, en círculos alrededor de mí, e invitaba a los otros perros para que la siguieran. al principio los dejaba desconcertados. Los perros grandes jugaban con cautela, para no hacerle daño.



Con Lucy los juegos son mas brutos, porque la ven fuerte. Hoy (15/08/19) ha jugado con una loba blanca de 6 años, que jugaba con Anís. Es mas tranquila que Lucy. La grande se ha tropezado en mi peque y se ha caído. Lucy no se ha quejado. Suele cansar a los perros grandes y es más ágil incluso que los galgos del entorno, poco entrenados en correr. A los galgos les suele dar miedo.
Con los que se lleva mejor es con los labradores, suelen ser los más nobles. Pero tiene predilección por los perros fuertes (pitburgs, boxers) Le dejo jugar con pitburg cuando van con bozal. A Anís le gustaban los boxers y los buldogs franceses. A Lucy le aburren estos últimos, corren poco.
Lucy asusta a algunos perros pequeños, y hay algún mediano o grande del entorno que ladra en que la ve, para que no se le acerque. Solo le han mordido dos perrilos: una chihuahua y una yorkshire enana, cuando Lucy tenía pocos meses y era de su tamaño. Ahora Lucy ya sabe a quien se le puede acercar y a quien no.
No es miedosa pero tiene prevención por algunos perros. Se va haciendo mayor. Anís también comprendió pronto que perro era amistoso y cual no. Se hacen inteligentes en su segundo año de vida, cuando son menos impulsivos.
No es nada obediente, aunque no me pierde de vista. La llamo, me mira y no me hace caso. Ni cuando le enseño una bolsita de chuches. Igual hacía Anís. Lo bueno de Anís era que en su segundo año era mas tranquila. No salía corriendo “como alma que lleva el Diablo” a jugar con cualquiera. Se dejaba acariciar por los niños, pero no los perseguía con sus juegos. A veces se quedaba mirándolos y ellos venían hacia ella. .Lucy sale disparada como si fueran piezas de caza.

El día 15 había un niño nadando en una parte del río, a la vista de su familia, con unos flotadores que le hacían parecer un bicho raro. Púes Lucy no lo dejó en paz. Tuvo que salir del agua y yo la até. Su familia no lo tomó a mal. Les pareció divertido Decían: “no te asustes, quiere jugar”.  Y el niño: "si, pero muerde. Aunque no aprieta”. Lucy da mordisquitos cariñosos, a veces hace un poco daño.
Y a ella se le ve tan feliz. No saldría del agua en todo el día. Llega a casa cansada: bebe agua y se tumba en el suelo, todo lo grande que es. Los gatos pasan a su lado y la huelen, por el trasero y hasta el morro. A veces se quedan mirando que le pasa.. La dejo que descanse un rato mientras preparo la comida. Cuando la veo que se pone activa le doy de comer. Y se echa la siesta en el sofá.

Anís no cansaba ni se cansaba tanto. Era mucho menos activa, muy pequeña (4´8 kgs) Jugaba un poco y luego se quedaba tranquila. Era buena observadora del entorno. Se entretenía mirando a los demás. Conforme cumplía años se hacía mejor compañera. Iba suelta por el paseo cuando pasaba poca gente y atada no tiraba tanto. Era la perfecta compañera, porque no era gruñona ni arisca como su predecesora, la bella Atila (mezcla de pekinés y caniche, 5´2 kgrs).

Atila (13 de abril de 1997, Pelabravo (Salamanca) 20 de julio de 2015, Santa Marta)

 Lucy tira como una bestia de carga, y va jadeando. Da terribles tirones cuando ve alguien o algo que le interesa, normalmente otro perro. Tira unas veces hacia delante y otras hacia atrás, pasear con ella es una tortura. Tengo los brazos descoyunturados. Le riño y me enfado a veces. Y luego tengo remordimientos y la perdono. Comprendo su juventud. Yo también, a su edad aproximada, era un incordio para mis padres. Aunque yo era mas “tipo Anís”: sociable pero no demasiado, inquieta y tranquila  a ratos.

¡Cuánto echo de menos a Anís! ¡Que pena más grande sigo teniendo! ¡Si al menos hubiese llegado a anciana como Atilin!