Lucy mira a los pájaros a través de la ventana de la cocina.
Parece que el buen tiempo ha llegado para quedarse. Me gusta dejar las ventanas del río entreabiertas para que entren los aromas de la rivera y se escuchen los cantos de los pájaros.
Mi foxterrier Lucy se excita cuando voy a echar un plato de migas a los pájaros de la calle. A veces me lo ha tirado y ha comido algunas miguitas.
Hace dos días entró un gorrioncillo en la sala de estar. Volaba bien por las alturas, pero no atinaba a salir por la puerta del balcón, por donde había entrado. Con un palo y un trapo intenté animarlo a salir. No quería estresarlo mucho.
Hay gente que tiene buena maña para cuidarlos, pero ¡con tres gatos en casa...!
Los 3 mininos estaban muy excitados, por las alturas medianas. Moises y Bamby murmuraban. Yo que estaba al ordenador, oí a los gatos demasiado habladores y salí a ver que pasaba.
No es la primera vez. Hace unos cuantos años, mamá notó rara a la gata tricolor Lulú (n.2007) Miamos que tenía. Llevaba en la boca un gorrioncito que sin duda había cogido del balcón. Lo cogí y parecía solo estar muy asustado y se me desmayó en la mano. Lo llevé a una maceta alejada de la puerta de la sala e impedimos que la gata saliera. Mamá la cogió en brazos, para que viera que pasaba. Al cabo de un rato el gorrioncillo espabiló y fue al tejado de la casa de enfrente. Sus padres volaban histéricos.
Ahora es peor. Moisés es muy bruto. Mató a nuestro canario Pulgarcito.
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