El día 21 de enero amanece nevado, pero poco. En las últimas 4 décadas, en Salamanca es raro que nieva.
Contaban los ancianos de hace unos 40 años, que nevaba y helaba más en "sus tiempos". Y se decía: "En Salamanca hay 9 meses de invierno y 3 de infierno", porque los veranos eran muy caluros. Aunque a mi no me parecían tanto. En Logroño hacía más calor y durante más tiempo: 4 o 5 meses. Y el frío 3 o 4. Aquí el calor 3 meses y el frío 6 o 7. Salamanca es más frío que Logroño, y un poco más seco.
En los años 80 se oía decir que "en Salamanca hay dos estaciones: el invierno y la de tren". Fueron años muy fríos. Ahora no es así, más bien al contrario: hay más tiempo de calor que de frío.
Lucy mira como ha desaparecido el color verde, en la plazuela.
Mira por la ventana de la cocina, subida a una silla. Es la primera vez que ve la nieve. El año pasado no nevó.
En 2017 nevó más. Salí con mi pequeña Anís y, después de su sorpresa por la blancura del entorno, se puso a correr y jugar revolviendo la nieve.
La Isla se ve con el suelo blanco. No ha cuajado en aceras y carreteras. Ha nevado poco.
A principios de 2004, recién llegados al pueblo, nevó bastante más. Hice unas cuantas fotos con cámara analógica.
Hoy de camino a la Escuela de Adultos he hecho otra foto, aquí enfrente, en una zona de juegos para niños.
Ya dentro del aula veo el paisaje fluvial seminevado. Sale el Sol.
En primer término la terraza, sobre las cocinas. Detrás la zona fluvial, los árboles. Y al fondo el término municipal de Salamanca, a la izquierda, y del pueblo de Cabrerizos, a la derecha.
Cabrerizos tiene autobús salmantino, en mancomunidad con la capital, y está a 14 kilómetros. Sin embargo Santa Marta conserva su independencia municipal. Esto tiene ventajas e inconvenientes. Lo más negativo es que el autobús es más caro, lo positivo cuestiones de gestión. Pero esto ya es otra historia.